EL ETERNO RETORNO
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- Categoría: Reflexión
- Publicado en Viernes, 24 Junio 2011 08:31
- Escrito por Constantino
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El verano llama a la tranquilidad. El calor obliga a realizar los menores movimientos posibles. Hay que guardar fuerzas para cuando llegue el otoño y sobrevivir, si es posible, a la muerte real y simbólica del invierno. Ahora, repensando la historia, retomo el ciclo de la naturaleza. Y así el eterno retorno de las estaciones va marcando la historia de la humanidad. En primavera, tras la muerte del invierno, vuelve a surgir la vida, y la luna tras tres días “enterrada”, ¡resucita! El ciclo constante de las estaciones, acompañado por el cambio lunar, ha sido el reloj de la humanidad hasta hace apenas uno segundos en el tiempo de nuestro universo ¡Qué intuición tuvieron los seres humanos que supieron salir de este eterno retorno! (círculo vicioso, lo llamaban nuestros mayores).
La historia ha sido circular hasta ayer. Nunca podrá agradecer la humanidad al saber religioso, lo que supuso para la ciencia y el conocimiento, tal como lo entendemos hoy, el cambio de la circularidad de la historia, a la linealidad. El pueblo judío en la diáspora, asimiló que la divinidad era patrimonio de la humanidad. Babilonia fue la gran escuela donde se fraguó el universalismo que posteriormente quedó reflejado en el libro de Jonás. Desde Babilonia, el Dios que se revela, rompe la circularidad de la historia y se muestra en forma lineal. Se introduce en la historia que crea, rompe el círculo del eterno retorno de los ciclos, y abre a la humanidad una perspectiva jamás pensada. La historia, a partir de esta nueva “intuición”, que los creyentes llamamos revelación, es creativa.
Israel retrotrae su experiencia de Yahvé para explicar sus mitos ancestrales y desde allí deja abierto el día siete de la creación, en donde se encuentra y nos encontramos desde entonces. Ahora el ser humano prosigue la historia iniciada a través de la palabra. Una historia que comienzan a crear Adán y Eva, si creen posible, como imagen de su Creador, que la palabra es vehículo de comunicación para seguir creando su propio devenir. Después del siglo sexto a.C., en el llamado tiempo eje, donde cambian los ciclos de las religiones y el profetismo de Israel, observa la historia como lugar de salvación lineal y no de eterno retorno manipulado por los dioses, se genera una dinámica en la humanidad que hace posible la ciencia tal y como la conocemos hoy en día.
Con palabras del doctor en física Stanley Jaki, galardonado como historiador de la ciencia afirmamos que: “No es accidental que la ciencia naciera en un contexto cristiano, y no en un contexto árabe, babilónico, chino, egipcio, griego, hindú o maya donde la ciencia, según la conocemos, nació muerta”
Efectivamente, con la llegada del cristianismo el hombre es dueño de su historia, no está hecho para servir a los dioses, es decir, no está hecho para el sábado. Todo, desde los orígenes, ha sido creado para ser poseído, usando la inteligencia. Sólo es preciso no perder la humanidad querida por Dios. Adán y Eva no tenían necesidad de robar la fruta del conocimiento. El árbol del bien y del mal estaba allí, sin rejas ¿Por qué robar lo que Dios ha dado? La serpiente habla sin voz y la mujer escucha sin palabras ¡Seréis como dioses! La inteligencia hay que usarla para llegar a ser… humano, no para alcanzar la divinidad, y cuando no es así, se pierde la comunicación. La palabra reencarnada se prostituye y la virginidad primigenia se pierde. Con Jesús de Nazaret, se recrea la humanidad querida por Dios. Una humanidad que se sabe hijo/a de Dios y no vasallo. Esta asunción de lo que significa en la historia ser una persona, somete nuevamente a su dominio al resto de la creación. No en vano, Jesús de Nazaret fue el gran exorcista de la humanidad. Liberó al hombre de todo fetichismo y le hizo asumir su propia historia. Nada será superior a la creación personal y única de cada ser humano: los demonios, las potestades, las estirpes, las culpas, las enfermedades, incluso la familia, quedarán supeditados al poder otorgado por Dios desde los orígenes. El futuro dependerá de la libertad con que se asuma esta revelación. Desde el rey hasta el más humilde de los mortales, todos son iguales ante la divinidad. Los primeros cristianos eran ajusticiados por no arrodillarse ante el emperador, morían ¡por ser ateos!
La historia ha vuelto a comenzar en el siglo primero de nuestra era. A la linealidad del profetismo hay que sumar ahora la igualdad de todos los seres que proclaman que Dios, por ser ¡abba!, nos hace a todos hermanos en Cristo. Los privilegios, las castas, las genealogías, etc., desaparecen ante esta radical igualdad. A partir de ahora, todos con nuestro “denario” a producir en la linealidad de la historia la felicidad a la que estamos llamados. No obstante, el eterno retorno sigue actualizándose en aquél que se siente fracasado; en aquel que cree que la historia la tienen que hacer los demás, en el que, por no reconocerse hijo de Dios, sigue pensando que las castas, como en el hinduismo, sigue prevaleciendo en la historia. En el que cree que la suerte se la tienen que dar los demás. Y es que, aunque Cristo nos ha hecho herederos del Reino, los parias (la casta más baja dentro del hinduismo), siguen existiendo.

