LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS
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- Categoría: Reflexión
- Publicado en Domingo, 11 Septiembre 2011 10:57
- Escrito por Constantino
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...El móvil sonó a través de los altavoces de la iglesia, D. Manuel, esperó…luego sonriendo y antes de proseguir la homilía sobre la Palabra, dijo: Dios también habla a través de las nuevas tecnologías…
Cuando volví a casa reflexioné:
Dicen que las vacaciones son un bien merecido después de un año de trabajo. La verdad es que corren tiempos en los que estar un año trabajando es un bien reservado a los privilegiados. Hoy la gran mayoría de los que están obligados a “veranear” en casa (en España más de 5.000.000 de parados, que familiarmente hablando, son muchos más), desearía merecer un trabajo durante el año.
Hemos pasado del trabajo como castigo, al trabajo como bendición, como opus. La diferencia entre trabajo y obra consiste en que el primero tiene connotaciones negativas. Cuando el trabajo realiza al ser humano, se convierte en opus; como una obra musical, que jamás será onerosa para su creador; por muy laboriosa que sea la partitura, siempre será creación positiva. Si en estos momentos tuviéramos que reescribir el Génesis, interpretaríamos teológicamente las obligadas vacaciones, como un castigo por el mal realizado, y el trabajo como la obra de Dios. Los sentimientos siendo los mismos, no lo son las expresiones que los contienen. De ahí que la historia de la humanidad, como de hecho enseñan los textos bíblicos, haya que estar reescribiéndola y reinterpretándola constantemente. Es muy importante aprender esta lección que nos muestra la Biblia.
Partiendo de esta reflexión que es a su vez, realidad social, preguntémonos ¿por qué la experiencia mística o religiosa del ser humano, no se expresa con lenguaje actualizado? Si hay trabajo, a través de él, ¿qué no lo hay?, a través del descanso. Siempre y en todo momento, lo importante es el espíritu que deseamos transmitir. Por esta razón Jesús, en el momento que le tocó vivir, dejó constancia de que la letra mata. La letra mata y sigue matando.
Esta verdad recorre la historia hasta nuestros días. El problema de lo que llamamos falta de fe no es otro que el de reencontrar la religiosidad que ha hecho posible la creación de la religión. Para muchos cristianos es más importante la religión (letra), que la religiosidad (espíritu). De vez en cuando llegan los místicos para deshacer el entuerto. Las religiones son caminos, a través de la historia, en los que transita la religiosidad. Los místicos siempre han ido campo a través; son la excepción que confirma la regla. Hay una frase que suele repetirse dentro de la fenomenología y sociología de las religiones: el que no tenga nada, que al menos tenga religión.
La religión es la letra de la partitura, el opus sobre la que va desgranándose la comunicación. Lo importante es captar la musicalidad, el espíritu, que la hace posible. La religión es la barca que va navegando en el rio de la vida. Por tanto, su importancia es vital, siempre que no equivoquemos el medio de transporte con el destino. La barca, para la cristiandad, es la Iglesia en la que seguimos todos, a pesar de los envites del oleaje; desde los tiempos del evangelio estamos intentando cruzar el río de la vida: “pasar a la otra orilla”. A veces, Cristo parece seguir dormido, pero el problema ayer como hoy, es que seguimos creyendo que no tenemos fe. Y así, es difícil transmitirla (Mt 8,23-34).
A esta dificultad, hay que añadir otra, que a veces nos pasa inadvertida: pretendemos avivar la fe que nos viene dada, con más frecuencia de la que sería de desear, con un lenguaje incomprensible para el mundo actual. La fe debe ser expresada, a través de la creencia, con lenguaje vivo. Jesús usaba el lenguaje parabólico, para obligar a reflexionar a sus oyentes. Pero sus ejemplos estaban sacados siempre, de la vida real, de las vivencias de cada día.
¿Y hay mayor vivencia en nuestra sociedad que el uso del teléfono móvil? ¿Pero acaso el móvil tiene algo que ver con la religión? Nuestro párroco dijo que sí, yo también. Posiblemente lo mismo que entre la siembra y la Palabra de Dios. Todo está al servicio de la Palabra cuando pretendemos transmitirla: Jesús habla del Reino a los agricultores, usando un lenguaje que ellos pueden entender (Mt 13,18-23). ¿Qué lenguaje usaría hoy? Conforme a los signos de los tiempos hablaría del Reino con metáforas sacadas del uso del teléfono móvil, la crisis, la falta de trabajo, etc.
… Algunos usuarios creen que lo importante es llevar un móvil y no la comunicación que envían a través de él. Hay personas que no saben vivir sin llevar el teléfono en el bolsillo, aunque nunca hayan dicho algo… a alguien. Es más, algunos móviles en la actualidad creo que sirven, incluso, ¡para hablar! Jamás hemos tenido tantos medios de comunicación y tan pocas palabras que comunicar (muchos jóvenes, no usan más de 200 vocablos en su léxico habitual). Para ellos lo importante es poseer el medio, aunque estén perdiendo la comunicación. Y es la palabra la que hay que seguir “sembrando” a través del móvil.
Los cristianos, no podemos quedarnos al margen de estos signos de los tiempos. Es más, a través de ellos, tenemos que llegar a comunicarnos con nuestros semejantes ¿Cómo? Cada uno conforme a los talentos recibidos. Sea con Internet, el móvil, los emoticonos, la televisión…si es con amor, mejor. Cáritas y no el teléfono, es el mejor ejemplo de comunicación para millones de ser humanos en estos momentos de crisis. D. Manuel, nuestro párroco, haciendo footing mañanero por las calles de San Clodio, llama más a los jóvenes y no tan jóvenes (hace falta mucha edad para llegar a ser joven), que las campanas de la Iglesia. Hoy, el deporte, es un excelente medio de comunicación. Usemos todo lo que esté a nuestro alcance para que la Palabra se siga reencarnando. La Iglesia supo cambiar el tam, tam de los tambores chamanes, que llamaban al comenzar los rituales en toda Europa y América, por el tañido de las campanas que tocaban los monjes cristianos para llamar a oración. Renovarse o morir.
El obispo de Guadix y miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Ginés Ramón García, acaba de indicar la preocupación de la Iglesia para tratar de hacer oír su voz en nuestro tecnificado mundo; sus palabras son suficientemente elocuentes: "Hay que devolver la religión a las páginas principales de los medios, para conseguir una presencia normalizada de hechos religiosos en la agenda comunicativa". Esta afirmación, muestra el problema; ahora, hay que encontrar soluciones. No podemos esperar que el prójimo venga a la Iglesia, es preciso que la Iglesia vaya a su encuentro, para lo cual, no sólo hay que usar los medios habituales (la campana), también hay que cambiar el lenguaje (el deporte, el móvil, etc.), es decir, la expresión religiosa a través de la que pretendemos hacer llegar la religiosidad. Si el Evangelio es “buena nueva” ¡y lo es!, no se puede explicar con lenguaje antiguo: “Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos… (Mc 2,22).
La culpa, a veces, estriba en limitarnos a criticar actuaciones distintas a las nuestras, cuando la labor del creyente, conforme al Evangelio, es tratar de comprenderlas para, “siendo astutos como las serpientes…” (Mt 10,16), seguir proclamando el evangelio allá donde nos encontremos, con el lenguaje de los signos de los tiempos que nos toque vivir.
…Sí, nuestro querido párroco tiene razón: Dios también habla a través de las nuevas tecnologías.

