EVA Y ADÁN
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- Categoría: Reflexión
- Publicado en Domingo, 11 Septiembre 2011 10:59
- Escrito por Constantino
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A todas las Evas que han existido, existen y existirán.
Galicia es tierra meiga. La etimología de su nombre procede de las lenguas gálicas donde “gall” expresa el vínculo maternal: Galicia es madre. Por estos lares, donde nos encontramos, las grandes fiestas son femeninas. Nos acercamos al 15 de Agosto. Se venera a la madre y como expresión de la fe, las fiestas de la Virgen son las más populares. No ocurre lo mismo en otros lugares de nuestra geografía. Vaya esta reflexión, algo más extensa que de costumbre, a todas las mujeres (madres o no), por saber hacer de la observación, un arte, y de la intuición un lenguaje que sólo ellas conocen.
Mujer tu eres la otra orilla que encauza el río de mi vida.
El rio, como la antropología semita, de la que procedemos, necesita de las dos orillas para encauzar sus aguas. El ser humano precisa de la pluralidad para existir. Pero el mundo patriarcal de nuestra cultura ancestral, a veces, no ha querido verlo así. Sin embargo, con los mismos textos bíblicos, la historia de Adán y Eva se podía haber contado como la historia de Eva y Adán, que sería la misma, pero contada más acorde con los signos de nuestros tiempos. Desde la teología vamos a explicar la psicología humana, a través de una pequeña pincelada en el cuadro de la vida. Adán y Eva es la historia de la humanidad narrada desde la palabra, desde la inteligencia razonada, desde el patriarcado. Eva y Adán es la misma historia, pero la vamos a contar desde el sentimiento, desde el corazón, desde el matriarcado. Una inteligencia sin sentimiento no es humana y viceversa. Hoy, la nueva psicología llama al sentimiento, inteligencia emocional. Ahora resulta que tanto monta, monta tanto, pero a veces…
Eva y Adán representan a la humanidad desde los orígenes. Creó Dios al ser humano a imagen suya ¿cómo? Macho y hembra los creó (Gn 1,27). La singularidad del ser humano se transforma en alteridad: Adán y Eva. Desde entonces para comunicarnos necesitamos al otro/a. Realidad plural desde el principio de la creación. En nuestros mitos, el ser humano solitario, el anacoreta, no tiene razón de existir. La persona, desde la antropología bíblica, ha de vivir en comunidad, es decir, de forma eclesial. Por esta razón en la plenitud de los tiempos, en Cristo, estamos todos.
Eva y Adán representan en la mitología bíblica a la primera pareja humana. No se trata de encontrar, arqueológicamente hablando, a la mujer que se llamó Eva, no lo intenten, no la encontrarán jamás. La teología transita por otros caminos, aunque la meta sea la misma. Se trata de retrotraer hasta aquella primera mujer la experiencia de la creación. Dicho desde la feminidad de la historia ¡la de ser madre!, aunque no tenga hijos, ya que, a partir de ella, somos creados e intuimos lo que significa ser “imagen del Creador”. Eva (Hawwah), nombre con la misma raíz en hebreo que Yhavé (YHWH) ¿Será porque el sentimiento está más cerca de Dios que la razón? Gracias a Eva, Adán, al conocer la alteridad, se hace persona. Antes, simplemente simbolizaba la tierra de donde procedemos, y a la que volvemos, al ser formado, míticamente, con polvo del suelo” (Gn 2,7). Adán, en nuestros textos bíblicos, es creado a partir del barro, Eva, más evolucionada, es creada a partir de la carne (Gn 2,21s).
Adán reconoce en Eva a alguien como él “Ésta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne” (Gn 2,23). La primera palabra del hombre es una exclamación de asombro ante la imagen de la mujer. Adán había intentado dominar la creación, poniéndole nombre a todas las cosas (Gn 2,20); pero sólo cuando descubre a Eva, aprende la auténtica comunicación, con ella y para ella el logos se hace carne por primera vez: “Esta vez sí que es…”. Pero aquella mujer de nuestros mitos ancestrales, sabía algo más importante que hablar ¡había sido creada para escuchar! Para interiorizar la vida fisiológica y espiritual en sus entrañas. Por esto en el mito original, sólo ella puede escuchar al más astuto de todos los animales (Gn3), que por ser sordo, no puede pronunciar sonido alguno: la serpiente, que con su siseo “psisssss” habla desde el silencio. Eva escucha en su naturaleza de madre al reptil que simbolizaba en los mitos antiguos a la fertilidad, y en el silencio, ambas, mujer y serpiente ¡dialogan! Por esta misma razón en el N.T. María, la Eva de la cristiandad, es la reina de la interioridad y “…guardaba todas esas cosas, y las meditaba en su corazón” (Lc 2,19).
El mito explica, sin palabras, lo que la psicología llama intuición femenina: “Es de piel”, como decían nuestras abuelas. Eva aprende sin palabras, su cuerpo lleva impreso la fuerza de la vida que se inició en el Génesis y que la hace más sentimental, más corazón, posiblemente, más humana. El hombre aprende a hablar en dos años y no aprende a escuchar, es decir, a callar, en 70. De ahí que también culpe a Eva del vicio de hablar y no callar. Pero no es así, la mujer entiende al bebé, sin palabras, su intuición la hace inteligente por naturaleza. Adán no es madre, por ello no entiende a la naturaleza con la misma intuición ¿No es cierto que ante su sabiduría natural, nos deja perplejos? Por eso la mandemos callar ¡es que habla tanto! No, es que no sabemos qué contestar cuando nos expresa con la palabra su silente lenguaje.
Eva explica a Adán lo que ha aprendido en su escucha (mito representado con el árbol de la ciencia del bien y del mal –Gn 3,6-), y Adán que es tierra, y no ha sabido asimilar todavía, que para aprender a comunicarse hay que saber escuchar, atiende por primera vez lo que Eva le dice (hay personas que todavía siguen, como el Adán primigenio, sin saber escuchar). Y Adán, cuando junto a Eva aprende el lenguaje de la comunicación, quiere apoderarse de esa inteligencia que está naciendo en él, gracias a que Eva, como fruta sabrosa, se la está ofreciendo. Quiere crear como Eva, para ser Dios. Apoderarse de esa maternidad primigenia donde Dios crea. Eva comprende que Dios es madre, Adán, no, jamás podrá llegar a esta intuición; para Adán, Dios siempre será Padre. El hombre necesita siglos de historia para asimilar con el libro de la Sabiduría la feminidad de la divinidad (Sb 8,2), o para asimilar con el cristianismo que en Dios no hay varón ni hembra (Gal 3,28). El error de Adán consiste en querer apoderarse de ese don creativo, cuando lo tenía a su alcance…a través de Eva. No tenía que robar nada, pues Dios se lo había dado para ser humano y él pretende robarlo… para ser divino ¡El origen del pecado, que no el pecado original, persiste a través de la historia!
Adán sigue sin aceptar su finitud, trasmitiendo a través de los siglos el pecado del robo del fuego sagrado. En el mito de Prometo, el fuego robado a los dioses, trajo consigo el sufrimiento que ocultaba la caja de Pandora ¿Hay mayor sufrimiento que conocer la existencia de la muerte? Antes de Adán, el homínido moría ¡pero no lo sabía! Ahora desde que Eva, como Pandora “abre su caja” y sabe por naturaleza, que es portadora de vida, se la comunica a Adán… y él comienza a saber, tras comer de la fruta de la inteligencia que le ofrece Eva, que el conocimiento del bien y del mal, le abre las fauces de la muerte. Nadie puede conocer lo que es la dulzura de la vida, sin saborear el amargor de la muerte: Eva y Adán son expulsados de su virginidad primigenia. ¡Como toda persona al tener uso de razón! Ha nacido la humanidad tal como la conocemos, fuera del Paraíso, pues morimos, ¡Y lo sabemos!, al ser arrojados desde entonces, fuera del lugar donde habita el árbol de la fruta de la vida. ¡Morimos alejados de Dios! El bautismo será el símbolo de esta muerte, que aceptada en Cristo, nos libera de su poder.
No obstante, la vida está en la humanidad desde que Eva la engendró. Ella es la madre de todos los vivientes (Gn 3,20). Y cuando en su escucha con la naturaleza aprende lo que es la vida, aunque está alejada del árbol… aprende a darla; más, a darse en la vida, a entregarla libremente por y para lo que engendra: el hijo/a. Un sentimiento nuevo se apodera de la naciente humanidad ¡el amor! Eva aprende a amar, pues muere, como millones de veces lo ha hecho en la historia, al parir el fruto de sus entrañas. Y como, asimismo, muere, cuando no puede parir. Ella intuye desde su ser lo que Pablo precisa aclarar a los romanos:”Quien ama…ha cumplido la ley… pues el amor es la ley en su plenitud” (Rm 13,8-10), y Adán, según la va conociendo, o mejor, y como indica el texto bíblico, ¡al conocerla! (Gn 4,1), aprende también lo que es el amor…en el hijo que ella le entrega. Es a partir de este conocimiento, que comienza la historia de la individualidad. Hasta ese instante la historia que nos cuenta el Génesis es la de la humanidad.
Prometeo la “conoció” al abrir la caja de Pandora. Siempre seguirá siendo la Eva de todos los mitos, la que al acostarse a los pies de Booz, nombre del Adán de la historia de Ruth, que significa “el que tiene fuerza”, le entren “escalofríos” al sentir, junto a él su cálida presencia (Rut 3, 8-10). Este hermoso libro de la Biblia, nos permite releer el Génesis, tal y como lo estamos reinterpretando, pues en él observamos cómo la fortaleza de Booz, es nada ante el amor de Ruth.
La historia contada desde Eva, siendo la misma, tiene matices distintos. La Biblia es una historia contada por hombres y para hombres, pero en la que Dios se revela…siempre que haya un ser humano que escuche. El decir de Dios de la primera página bíblica (“Dijo Dios” –Gn 1,3-), sigue recorriendo la historia de la humanidad esperando ser alcanzado por su creatura. Y fue ella la primera que supo escucharlo en la naturaleza, en los signos de los tiempos que vivió y sigue viviendo.
Eva y Adán, la humanidad que habita entre nosotros, siguen buscando la vida. La gran paradoja, es que por una parte, puede darla y por otra puede perderla ¿Por qué no sigue Adán escuchando a Eva? La vida está dentro de ella, como la palabra dentro de él ¡ambos son la humanidad! El paraíso no se ha perdido, ¡lo llevamos dentro! Eva y Adán no pueden perder la vida porque la llevan en sus entrañas. Tan solo hay que asumirla humanamente para reencontrar el paraíso perdido. Siendo humanos, Dios nos hace divinos. Pretender robarle a Dios su divinidad (comer del mítico árbol o fabricar la Torre de Babel), sólo conduce a la más absoluta inhumanidad.
Ahora volvamos a la historia de Adán y Eva. Ya hemos comentado en más de una ocasión que la historia hay que reescribirla constantemente, como la religión, si es que queremos que sea expresión de la religiosidad. El mito de la manzana de Eva precisa de una relectura. Caso contrario la humanidad comienza a no creer en sus mitos, y los mitos son necesarios para explicar la trascendencia de la humanidad. La belleza, la justicia, la ética, la estética, el amor…Todo lo que es humano nos sobrepasa y tiene que ser explicado a través del mito, si no fuera así, no seríamos imágenes de lo infinito y la religión no tendría razón de ser. El mito es una verdad eterna que precisa ser desmitificado para, una vez asumido, volverlo a remitificar.
Hoy Adán, desde estas líneas, quiere levantar la copa de la gratitud y brindar por la Eva de todos los tiempos que desde la inteligencia emocional, vuelve a llenar las Iglesias donde, en el silencio, y a través de la música callada, se comunican entre ellas estas verdades. Como en la tumba de Jesús. Allí, cuando la humanidad está dormida, como Adán al quitarle míticamente la costilla (Gn 2,21), sale la luz del nuevo amanecer de la resurrección, y las Evas de todos los tiempos, María Magdalena, María la de Santiago, Salomé… al sentir en sus corazones lo que se está alumbrando, guardan silencio y lo siguen guardando hasta que el nuevo Adán esté preparado para comprenderlas “Un gran temblor…se había apoderado de ellas, y no dijeron nada a nadie… (Mc 16,1-8.). Adán, comienza a despertar de su letargo…mientras Eva, ahora en el N.T. con María y en el Apocalipsis, está dando a luz a la nueva humanidad (Cristo): “Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer…La Mujer dio a luz un Hijo varón (Ap12, 1-5) Ellas reciben un mandato: “id y contadlo” (Mc 16,7). El decir de Dios desde el Génesis (1,2), continúa revelándose a través de Eva. Pero su palabra, como la de Dios, está impresa en el corazón del ser humano. Su decir, es un silencio ensordecedor que recorre la creación. Ellas no dijeron nada a nadie porque tenían miedo (Mc16, 8b). Sin embargo, ¡Veintiún siglos después! estoy escribiendo con la palabra lo que ellas han debido transmitirnos ¿Cómo? …
Permítame el lector/a una licencia: Escribo esta reflexión pensando en mi particular Eva (todos tenemos una Eva en nuestra existencia), que siendo María del Pilar, es, como su nombre indica, el pilar, la “piedra” y fundamento de mi hogar. Ella, a través de su limpia mirada y como siempre ha sido y será, desde la interioridad de sus vivencias, me susurra calladamente estas y otras verdades. Es entonces cuando me introduzco en los textos bíblicos, y como Adán, despertándome de aquel profundo sueño, traduzco en sentimiento lo que en ellos está impreso con el logos... Y así sé, por propia experiencia, que el mandato que recibieron las mujeres en la tumba de Jesús, aquel de, id y contad a los discípulos que la vida que Eva (María) lleva en sus entrañas, ha vencido sobre la muerte, no ha dejado de repetirse a través de los siglos. Cuando Adán comprendió lo que Dios había alumbrado en Eva: el Cristo que todos llevamos dentro, también escuchó la orden de “Id pues y haced discípulos a todas las gentes…” (Mt 28, 18). Ahora tenemos donde elegir, la humanidad representada en el Adán que ha pretendido prescindir de Eva, o la revelada en Cristo, donde no hay varón ni hembra pues todos formamos el mismo cuerpo..
Como decía Machado, “la verdad es lo que es y sigue siendo verdad aunque se piense al revés”. Y es que incluso desde la teología, el Adán de todos los tiempos va detrás de los sentimientos de Eva. Que me perdonen mis congéneres pero, es que Ella sigue escuchando, psissssi, en el silencio de la humanidad que todos llevamos dentro.
Igual que el yin y el yang, todos los seres humanos llevamos dentro una Eva silente, un paraíso perdido, un Adán ofuscado, un pecado a redimir y una gracia a descubrir que nos salva en el Cristo que parió María y que sigue naciendo a través de los siglos. La Eva de la cristiandad, María, fue también la que, en la nueva economía, supo escuchar la Palabra y hacerla carne en sus entrañas. Ella, nuevamente, fue la que por seguir escuchando, se convirtió en la primera cristiana de la historia.
Y el que tenga oídos…

