VOY SEÑOR, Y NO FUE

Agustín de Hipona que fue un pecador arrepentido y hoy lo recordamos como uno de los grandes Padres de la Iglesia, dijo aquella frase tan popular de “ama y haz lo que quieras”. Ciertamente que quien ama se salva, pues para el cristiano, Dios es amor. El evangelio del pasado domingo fue claro ¿Quiénes son los que más aman? Dicho en roman paladino, las prostitutas. Pues bien, Jesús las pone de ejemplo: Ellas son las que “llegan al cielo antes que vosotros” (Mt 21,31) Y no, ciertamente, por el sexo, sino por lo que significa la entrega, la donación de todo lo que tienen y son…al otro.

No es extraño que con esta revolucionaria forma de pensar le llevaran a la cruz ¿Dónde le mandaríamos hoy?

Los que están fueran, los marginados, los que no pertenecen al estamento socialmente reconocido, en el caso del evangelio, las rameras y los publicanos, son los que oficialmente dicen no, los que parece que no van por donde vamos los demás. Pero Jesús avisa que puede ser que éstos sean, de hecho, los que lleguen antes ¿Por qué? Porque al igual que el hijo que dice no al padre, es el hijo bueno ya que, finalmente, hace lo que el padre le manda, hay mucho cristiano de “boquilla” que dice sí, pero más tarde sus hechos demuestran todo lo contrario. El Papa, con otras palabras, acaba de decir lo mismo en la misa de despedida en Friburgo: “Los agnósticos que no encuentran paz por la cuestión de Dios y las personas que sufren a causa de nuestros pecados y tienen deseo de un corazón puro están más cercanos al Reino de Dios que los fieles rutinarios, que ya solamente ven en la Iglesia el boato, sin que su corazón quede tocado por la fe"

Las apariencias engañan, dice la sabiduría popular. “No todo el que me dice: ¡Señor!, ¡Señor!, entrará en el reino de los cielos…” (Mt 7,21-24).

Desde estas reflexiones constantemente recordamos que la entrada en el Reino de los Cielos, pasa necesariamente a través del prójimo. Da la sensación que Dios ha dejado las llaves en poder del otro. Nuestro comportamiento con los demás, que no nuestras palabras, son las que llegan al Padre.   

En este pasaje, correspondiente a las lecturas de la liturgia del domingo pasado que estamos recordando, Jesús se encuentra en el Templo, donde la autoridad máxima para enseñar religión la tienen los sacerdotes y los escribas. Pero esto no significa que estén cumpliendo la voluntad del Padre. De ahí la pregunta que con astucia formula Jesús.

Ahora San Mateo recuerda este hecho a los cristianos. Ellos son los que escuchan,  y por tanto, los que están en el puesto de los sacerdotes y escribas, es decir, los que creen haber alcanzado la salvación. Pues bien, es posible que los no cristianos (publicanos), entren en el Reino antes que los cristianos.

Si seguimos leyendo el evangelio observamos que las llaves del Reino son, esencialmente, amor. El amor es Dios y como Dios es infinito, cuanto más se da, más se tiene. Es una paradoja que nos tenía que hacer reflexionar  a los seres humanos. Cuanto más amor demos al prójimo, Dios más nos inunda con su fuerza ¿Podemos entender que Jesús ponga como ejemplo a una ramera? ¿Podemos asimilar que el amor, que es Dios, no es patrimonio de los cristianos y, por tanto, los publicanos, es decir, los ateos de hoy, nos pueden preceder en el Reino?

Repito y termino: No es extraño que a Jesús, después de estas acciones, los “creyentes” de entonces le llevaran a la cruz ¿Dónde le llevaríamos los creyentes de ahora? El que esté libre de culpa…