EL EVANGELISTA MARCOS

El llamado segundo evangelio, aunque de hecho fue el primero que se escribió, va a servir de guía en este año litúrgico. Su autoría se atribuye a Marcos desde el siglo II. El origen de la misma se debe a Eusebio de Cesarea del siglo IV que recoge el testimonio de Papías, obispo de Hierápolis alrededor del año 110. Este obispo dejó escrito que un tal Juan el Presbítero había confirmado que el autor del llamado segundo evangelio era Marcos: “Y el Presbítero decía esto “Marcos, interprete que fue de Pedro puso cuidadosamente por escrito, aunque no con orden, cuanto recordaba de lo que el Señor había dicho y hecho…”  Este argumento tan temprano en la historia, parece confirmarlo Marcos: “Un joven le seguía cubierto sólo de un lienzo y le detienen. Pero él, dejando el lienzo se escapó desnudo” (Mc 14,51s). Todo hace pensar que este joven debía ser el propio Marcos, ya que este dato sólo aparece en su evangelio, y ciertamente, en tiempos del prendimiento de Jesús, debía ser un joven de corta edad. Posteriormente oímos hablar de él tanto en Hechos de los Apóstoles como en las cartas de Pablo y Pedro. Parece ser que ambos querían su compañía a la hora de predicar el evangelio; incluso Pedro confiesa quererlo como a un hijo (1Pe 5,13).

Al margen de las diferentes conjeturas sobre el autor de este evangelio, sabemos por el  capítulo 12 del libro de los Hechos de los Apóstoles que cuando Pedro sale de la prisión en la que le había encarcelado Herodes “Consciente de su situación marchó a casa de María, madre de Juan, por sobrenombre Marcos, donde se hallaban muchos reunidos en oración” (Hch 12, 12). Este dato merece ser resaltado, toda vez que observamos que la madre de Marcos, era una seguidora de Jesús y su casa se había convertido en uno de los lugares de reunión donde oraban los primeros cristianos. Ahí debe estar el germen de la vocación de Marcos: su madre.

Aprendió de su madre, de Pedro (1Pe 5,13) de Pablo y de su primo Bernabé (Hch 12,25) poniendo por escrito todo lo que iba escuchando, posiblemente en Roma y antes de la destrucción de Jerusalén ¿Por qué? Porque nada se dice de este  importante hecho ocurrido en el 70 d.C. Este dato nos indica que su evangelio tuvo que ser escrito en la década de los sesenta.

Mateo y Lucas recogen en sus obras dichos y hechos de Marcos. Si como indica el presbítero Juan, y no hay ningún argumento en contra, Marcos es el autor de este evangelio y  es el mismo personaje que acompañó a Pedro a Roma, su  evangelio fue dirigido por una parte a los judíos residentes en la diáspora y por otra a los cristianos de origen pagano. No es nada extraño que la primera persona que confiesa a Jesús tras su muerte, como Hijo de Dios, sea precisamente, el centurión: un pagano. Todo el laconismo de su evangelio y el ocultamiento de Jesús como ser divino, contrasta con este dato. Por una parte desde el principio de su evangelio anuncia  que Jesús es Hijo de Dios (Mc 1,1), pero este dato hay que descubrirlo en su humanidad. De ahí que constantemente prohíba decirlo a quien lo descubre “Y cuando bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que había visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos” (Mc 9,9).

La humanidad de Jesús revela su divinidad tras la muerte y es ante ella que un pagano, centurión romano, proclama ante la cruz la filiación divina (Mc 15,39b). Pocas palabras  (es el evangelio más corto),  para revelar a sus oyentes que el Hijo de Dios viene a salvar, no sólo a los judíos, sino también a la humanidad.