!VIGILAD!
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- Categoría: Reflexión
- Publicado en Miércoles, 07 Diciembre 2011 19:39
- Escrito por Constantino
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Con el Adviento hemos comenzado el año litúrgico, que es como decir la historia en la que se narra, año tras año, nuestra forma de expresar la religiosidad. No deja de ser llamativo el hecho de que este comienzo se inicie litúrgicamente con la siguiente recomendación: “Estad atentos y vigilad, porque ignoráis cuándo será el momento… no sea que llegue de improviso y os encuentre dormidos. Lo que a vosotros os digo, a todos lo digo: ¡Velad! (Mc 13,33-37).
Esta verdad que hoy retoma la psicología como la panacea para curar ciertas enfermedades mentales, está dirigida como indica el texto citado, no sólo a los cristianos, sino a todos. Una mente virgen y despierta podrá intuir lo que se va a celebrar a partir del Adviento, de no ser así, ¡Cuidado! nos encontramos dormidos.
El texto va dirigido, por una parte, al instante en el que todo esto acabe: final del mundo; por otra, y es la que aquí nos interesa reflexionar, al momento presente en el que, o bien podemos seguir viviendo a base de leyes, normas y preceptos externos que nos guíen (mundo reflejado en el Antiguo Testamento) o contrariamente, al llegar la mayoría de edad, renacer a la nueva humanidad de los hijos de Dios que se reconoce dueña de sus actos (mundo reflejado en el Nuevo Testamento).
El Evangelio, de forma prioritaria, siempre va a revelar el instante en el que nos encontramos. Por tanto, es en el aquí y en el ahora donde hay que ¡despertar! y permanecer vigilantes para no volver a caer dormidos.
Ante este aviso de Jesús hecho a toda la humanidad caben dos interrogantes. El primero es obvio, pero importantísimo: ¿He estado despierto alguna vez? Difícilmente podemos comprender el inicio del Adviento, si todavía seguimos durmiendo. El segundo interrogante va dirigido al que vive entre la vigilia y el sueño, que es al que dirige Jesús su alerta. Estos segundos, que somos los creyentes, tenemos que estar vigilantes. No obstante, pudiera ser que aún estando despiertos, ensoñáramos de tal manera que sin darnos cuenta podríamos volver a caer en el sopor ¡creyendo estar despiertos! Para entendernos, psicológicamente hablando, es lo que nos suele ocurrir cuando soñamos. Sólo reconocemos que vivimos un sueño, al despertar.
Muchos cristianos se encuentran en esta situación. A ellos/nosotros, asimismo, va dirigida la parábola de las diez vírgenes: “El Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes…entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas… y las necias dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite que nuestras lámparas se apagan… No, no sea que no alcance para nosotras… Mientras iban a comprarlo llegó el novio… y se cerró la puerta” (Mt 25, 1-13). Las necias, como anuncia la parábola, han llegado a tener una mente virginal y por tanto son herederas/os del Reino de los Cielos. Están en vigilia… pero creen haber conseguido la salvación. Y es en ese instante cuando hacen “todo lo posible” para no perderla. Ellos/Ellas tratan de conseguir la entrada en el Reino, olvidando que la entrada es un don de Dios a los nacidos en la humanidad de Cristo. Por esta razón, intentan comprar más aceite, símbolo de lo sacral, que representa la religión, y están tan entretenidas con sus cosas (hoy diríamos tan ensimismadas contando corderitos), que se duermen. Y en ese preciso instante, pierden (perdemos) todo.
La virginidad que tenían era tan necia, como su imprudencia. Pretenden comprar aceite para que no se apague la lámpara. Comprar entradas para conseguir al cielo. Es imposible comprar el don. Las prudentes guardan el aceite en las alcuzas: “las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas” (Mt 25,4) ¡jamás pretenden comprarlo! No es posible alcanzar el infinito desde la finitud. El aceite que llevaban dentro del corazón pretenden comprarlo fuera ¡Necias! No es extraño que se apague la luz de su virginidad y el esposo las rechace.
Nadie puede comprar la salvación; las vírgenes necias lo creen posible. El Adviento nos alerta de la eterna verdad: la salvación es un don entregado a Adán desde el comienzo de la humanidad. El aceite, como símbolo de lo sacral se encuentra en el corazón de cada creatura; si se apaga la luz de nuestra Navidad, que litúrgicamente hablando ha de perdurar hasta el cirio de la resurrección, se debe, sencillamente, a que hemos caído en la tentación que recordamos al rezar el Padrenuestro, es decir, estamos dormidos.
Las vírgenes necias creen poder encontrar la luz fuera de ellas, sin caer en la cuenta que ¡ellas son la lámpara! así como el aceite es el don entregado por Dios y que Cristo va a revelar a través de la nueva creación… de la que próximamente reflexionaremos. Las prudentes “…se levantaron y arreglaron sus lámparas” (Mt 25,7); arreglaron sus “lámparas”, se arreglaron para estar hermosas ante el novio. Todas se levantaron (semitismo que significa resurrección), pero al arreglarse, las prudentes tenían vestidos y estaban preparadas (aceite) y las necias al llegar la resurrección no disponían del traje de la nueva humanidad que va a nacer y se nos revela tras el Adviento.
Estamos viviendo el Adviento del gran misterio que se nos va a ir mostrando durante el año litúrgico, y si caemos en la ensoñación sólo conoceremos estas cosas de oídas. De ahí la importancia de estar despiertos: ¡Vigilad!

