LA NUEVA CREACIÓN
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- Categoría: Reflexión
- Publicado en Martes, 13 Diciembre 2011 09:53
- Escrito por Constantino
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Con estas reflexiones intentamos mostrar que el camino de la religión católica (universal) abre el horizonte de las posibilidades humanas. Ahora bien, este camino tiene que tener muy presente la génesis en donde se fragua esta andadura: los textos bíblicos debidamente comprendidos (así lo solicita el Papa en la Exhortación postsinodal “Verbum Domini”). Esta comprensión ha de estar conforme a los signos de los tiempos en los que se viven, se escriben, se interpretan y reinterpretan estos textos (la palabra de la Escritura siempre es palabra viva). La grandeza de la religión se acrisola en esta constante refundación y, contrariamente a lo que pudiera pensarse, es más humana por lo que cuestiona y sugiere, que por lo que responde. Jamás hubo en la historia alguien que cuestionara más lo establecido que el Hijo del Hombre: Jesús de Nazaret.
Hoy queremos mostrar la forma en la que Lucas nos acerca a la Navidad, que para él es, la nueva creación ¿Cómo expresa esta nueva creación? Echando una mirada a su evangelio, observamos que todo comienza para Jesús, el nuevo Adán, al sexto mes de haber concebido Isabel a Juan el Bautista (Lc 1,26). No es casualidad que Lucas sitúe lo que va a acontecer en María al sexto mes de la concepción de su prima, y que en el principio de la creación sea también el día sexto en el que, míticamente, se crea la humanidad (Gn 1, 27-31).
Esta cábala (Kabala) numérica la resalta especialmente el evangelista Lucas ¿Cómo? Previamente ha indicado que Isabel permaneció oculta durante cinco meses (Lc 1,24). Partiendo de estos míticos dígitos vamos a tratar de explicar la forma lucana en la que se inicia la Navidad, que en su teología es la forma de revelar el nacimiento de la nueva humanidad; quedarse únicamente con el nacimiento de Jesús es muy necesario y loable, pero según su teología, estimamos, no suficiente ¿Qué nos sugiere Lucas con esos datos numéricos que pertenecen al lenguaje bíblico y que hoy parecen pasar inadvertidos? Reflexionando sobre ellos, descubrimos cuál pudo ser su intención teológica.
Un dato previo, pero muy importante, es recordar que los dos primeros capítulos de su escrito, llamados “evangelio de la infancia” fueron redactados y añadidos al resto, muy posteriormente a la difusión del evangelio, es decir, el evangelio de Lucas estuvo circulando varias décadas comenzando por el capítulo 3 (en aquellos tiempos era el 1). Si observamos la genealogía que nos propone en este capítulo, hay un rasgo diferencial con la de Mateo: mientras que Mateo paraliza la genealogía en Abraham, Lucas retrotrae la de Jesús hasta Adán, hijo de Dios (Lc 3, 37).
Cuando el evangelista añade los actuales capítulos 1 y 2 para explicar la infancia de Jesús, tiene presente lo ya indicado en su genealogía. Conviene señalar que tanto Mateo como Lucas añadieron sendos capítulos al evangelio ya existente siguiendo la costumbre de la época (Mateo también añadió dos capítulos, que dada su distinta teología, difieren de los de Lucas). En un principio no existía preocupación alguna por saber cómo fue Jesús en su infancia; no obstante, pasados los años quisieron añadir a sus evangelios estos capítulos que hoy aparecen al comienzo de sus respectivos escritos para responder a las preguntas de sus comunidades.
Al comienzo del cristianismo, lo relevante era la resurrección, pasados los años y dado que todos los grandes personajes de la historia relataban sus prodigiosos nacimientos y sus singulares infancias, ellos, siguiendo la costumbre, añadieron estos capítulos de una intensa teología en donde queda condensada la obra que en sus escrito aparece posteriormente aunque de hecho fue anterior, es decir, el evangelio por aquel entonces ya conocido. De ahí que los evangelios de la infancia de estos autores, sean más que el principio donde se relatan la infancia de Jesús, el final donde queda recapitulada la historia del Nazareno que se revela tras la resurrección como el Cristo esperado. De hecho estos dos diferentes capítulos añadidos en ambos evangelistas, expresan sus teologías más depuradas.
En el caso que nos ocupa, Lucas va a revelar algo que, como en la creación de Adán (en este caso la de Jesús), permanece en el misterio de Dios ¿Cómo nos prepara Lucas para introducirnos en este misterio creacional? La teología de Lucas, usando el lenguaje de su tiempo nos lleva hasta las puertas de la eternidad. Allí/aquí, desde el “no tiempo de Dios” se revela lo imposible: la unión de lo finito y el infinito. El nacimiento (tiempo) o Navidad del Hijo de Dios (eternidad). Para traspasar estas puertas, se exige del creyente, por una parte, la voluntad necesaria para dejarse llevar por el Espíritu y por otra, disponer de las llaves. Seguidamente reflexionamos sobre la forma en la que Lucas trata de entregarnos estas llaves.
Nadie sabe cómo fueron formados los primeros cinco días de la creación (Gn 1), Adán se encontró con ellos como dueño y señor cuando, en el día sexto, fue creado. Él no existía en los días previos al sexto; por tanto, la forma en la que fueron creados permanecía oculta a su inteligencia (será la ciencia la que nos aclare este dato; como decía Galileo, la Biblia nos enseña cómo ir al cielo y no cómo es). Ahora Lucas nos sitúa en los orígenes, su teología trata de introducirnos en este misterio a través de los cinco meses en los que su prima Isabel permanece oculta (Lc 1,24), tan oculta como para Adán los cinco primeros días de la creación. Juan el Bautista representa, para Lucas, la antigua creación, aquella que quedó reflejada en esta expresiva frase: “Os digo: Entre los nacidos de mujer no hay ninguno mayor que Juan, sin embargo, el más pequeño en el Reino de Dios es mayor que él” (Lc 7,28).
Nuevamente en el evangelio, el dígito 5 representa el ocultamiento del misterio de Dios en la nueva creación, mientras el 6 revela el instante en el que Dios recrea al ser humano ¿Qué es preciso encontrar para dejarse guiar por el misterio? La luz que se hizo en el día uno (“Dijo Dios: Haya Luz” (Gn 13) y que se cierra el día siete de la creación con el día dedicado a Dios (“Bendijo Dios el día séptimo y lo santificó” (Gn 2,3). Aquella luz sigue iluminando al creyente si reserva el séptimo día a Dios, y que nosotros lo hacemos el domingo en la eucaristía, “instante eterno” en el que Cristo renace de la muerte para todos los hombres de buena voluntad. No obstante, para captar el misterio no hay que comprar el aceite (lo sagrado), fuera de uno mismo (recuerdo al lector la anterior reflexión donde expusimos que la eternidad es un don de Dios).
Efectivamente los siete días de la creación comienzan y acaban con el misterio (la luz de Yahvé). Dios descansa el día 7 y ahora el ser humano recreado en Cristo el mismo dígito en el que fue creado Adán: el 6, retoma la creación tal y como Dios la quiso en un principio.
Y ese es el “instante eterno” (allí/aquí sólo sigue estando Dios), en el que nos quiere introducir Lucas. Él ha pasado por su personal Pentecostés (Hch 2, 1-13), conoce por experiencia la fuerza del Espíritu, la luz que hizo posible la intuición del misterio y que llega a él a través de Cristo. Ahora nos propone un evangelio que nos hará renacer de nuevo, no se trata, únicamente, de demostrar la forma en la que vino Dios al mundo (el misterio continúa), sino de intuir que, o bien somos hijos de la antigua economía donde el más grande es Juan, o renacemos a la nueva creación de los Hijos del Reino, donde cualquiera es mayor que Juan.
La experiencia de la Navidad nos revela que Cristo, como nuevo Hijo de Hombre, es el primogénito de Dios, el primogénito de aquellos que han nacido y siguen naciendo, no de la carne (creación realizada y descrita en el libro del Génesis en el día seis, sino del Espíritu (creación realizada y expuesta por Lucas en su evangelio también con el dígito seis: “Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel” –Lc 1,26). Por tanto, Lucas nos revela que Cristo sigue naciendo en cada ser humano que viene al mundo. Aquella singularidad de Belén, es el inicio de la nueva creación en la que Lucas nos quiere introducir a través de su evangelio.
Con esta previa mirada sobre los textos lucanos, podemos intuir que el evangelista pretende situarnos nuevamente ante el misterio que desde los orígenes de la creación humana nos eleva más allá de nuestra carne mortal. Lucas trata de mostrar el misterio de la creación de la humanidad querida por Dios y revelada en “el primogénito de toda la creación” (Col 1,15); quedarnos con lo sucedido hace 2011 años no es lo que pretende el evangelista, su revelación trasciende el tiempo y nos sitúa ante la luz del Espíritu que al crear el universo, recrea al Hijo que es el Principio y el Primogénito de entre los muertos… (Col 1,18). Lucas nos introduce en este misterio que vivió junto a Pablo y que, a su vez el apóstol trata de explicar a los colosenses ¿Cómo, sino, podemos entender que Cristo fuera el primero que murió si la historia de la humanidad llevaba siglos de existencia? Quien se adentra en el misterio lucano puede retrotraer la Navidad al comienzo de la creación y vivirla en la experiencia actual pues lo que ocurrió entonces, al trascender el tiempo, sigue ocurriendo hoy.
Y el misterio se sigue encarnando en los hombres de buena voluntad…
Feliz Navidad para todos y bienaventuranza para un difícil, pero interesante año 2012. En los tiempos de crisis se fraguan y consolidan con mayor intensidad los auténticos valores religiosos; sin embargo, ayer como hoy se impone seguir trascendiendo la letra a través de los que se expresan.

